Si al mal tiempo le ponemos buena cara ¿qué cara le ponemos al buen tiempo?

A pesar de creer en la veracidad del refranero español, este refrán en concreto se me queda corto y pienso que necesitaría esa segunda parte que dijera qué cara ponemos al buen tiempo. ¿Verdaderamente la ponemos buena cuando todo va bien, cuando no tenemos ningún problema digno de mención, cuando los pilares que soportan nuestra vida son lo suficientemente sólidos?
Cuando vamos por la vida transmitiendo una sensación de malestar y descontento sin motivo aparente, conviene pararse a pensar cuál sería elorigen. Quizá sea la frustración al no haber conseguido algo y no saber interpretar correctamente la causa de las cosas que nos suceden.
Veamos un ejemplo muy básico en el contexto académico, pero que se puede extrapolar a cualquier situación de la vida, tanto laboral como personal:
  • Una persona ha preparado a conciencia un examen
  • Una vez realizado el examen, la calificación es suspenso
    • Piensa:
      • que es incapaz de sacarlo porque es demasiado difícil para su capacidad
    • O bien:
      • que la próxima vez lo sacará sin problema porque igual no ha estudiado lo suficiente, y si le cae otro tema sacará una nota alta
¿Qué ha pasado en este ejemplo con dos opciones en cuanto al afrontamiento del suspenso?
  • Si se piensa que la causa es la falta de capacidad para esa materia, lo que está claro es que la predisposición será la de suspender siempre. Mientras  sigamos pensando que no valemos para ello la situación no va a cambiar. Estamos hablando de una causa interna, que no es fácilmente modificable y estable ya que consideramos que somos así y no podemos hacer nada por modificarlo.
  • Por otro lado, siempre que pensemos que la causa de nuestro fracaso se debe a situaciones que sí podemos modificar aunque sean internas, como el hecho de dedicar más horas al estudio incluso utilizando las mismas horas pero usando técnicas más eficaces, podremos idear un plan para cambiar de táctica en el futuro. Pensando que si hubiera salido otra pregunta en el examen el resultado habría sido mejor. Aquí estaremos atribuyendo el resultado a una causa externa e inestable, es decir que puede cambiar en cualquier momento.
En este caso no hay nada que nos predisponga a un futuro fracaso, más bien nos anima y esperanza a un mejor resultado la vez siguiente: podemos estudiar más para la próxima vez y podemos confiar en una suerte mayor en cuanto a las preguntas que saldrán.
Cada vez que sucede algo en nuestras vidas que reviste cierta dosis de importancia, tendemos a analizar los resultados obtenidos siempre que no se ajusten a las expectativas que teníamos puestas. De esta manera, dependiendo del tipo de explicación que demos, la predisposición a resultados mejores va a depender en gran medida de dichas consideraciones.
Todo este proceso que nos sale casi sin darnos cuenta puede ser modificado.
¿Cómo se puede modificar? ¿De qué depende que pensemos de una manera o de otra?
De algo muy sencillo de explicar, pero difícil de darnos cuenta para poderlo modificar: de nuestra autoestima.
Una persona con alta autoestima piensa cuando fracasa que se debe a factores que pueden cambiar. Estos pueden ser la suerte o más cantidad de esfuerzo en ello la próxima vez. Cuando tiene éxito por el contrario lo atribuye a sus propias facultades y capacidades, algo que permanecerá de la misma manera y hará que en el futuro los resultados vayan a ser como mínimo iguales.
Por el contrario, alguien con baja autoestima y gran ansiedad va a pensar exactamente lo contrario. Este sentimiento nos hará vernos indefensos, sin fuerza ni valentía suficiente para afrontar futuros retos.
 Esta es solo una breve pincelada sobre algo conocido como atribución causal y que bien pudiera servir como base antes de hacernos la siguiente pregunta:
¿Qué pasa entonces? Que en muchas ocasiones el motivo de nuestro malestar no está en la situación que ha acontecido en sí, sino en la manera en la que lo hemos enfocado.  Nos deberíamos parar a pensar cómo tenemos la autoestima. Por supuesto que esta no es una tarea fácil ni se puede abordar de manera individual la mayoría de las ocasiones, pero sí que podemos hacer un ejercicio de sinceridad con nosotros mismos e intentar darnos una pequeña pista de cómo nos encontramos. Utilizando una frase que me gusta mucho diré que nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco imposible. Si encontramos una respuesta afirmativa a la pregunta de si podríamos hacer algo para cambiar el resultado de una acción tendremos la predisposición de poder cambiarlo.

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Publicado en Desarrollo personal.

5 Comentarios

  1. Hola Pilar,

    Me ha gustado mucho tu post. ¡Qué importante es la autoestima como escudo protector ante los llamados «fracasos» ! . A mi hijo suelo decirle ante los exámenes «este es un resultado, y no tiene nada que ver con tu capacidad. Lo que tú eres no está condicionado por el resultado». Es verdad que la autoestima tenemos que irla construyendo día a día con cimientos fuertes para que resista los embates del medio, más en esta época moderna de bullying y postureo.

    • Gracias, me alegro que te haya gustado! En realidad el tema da para mucho más que un post y se puede profundizar muchísimo más. Son temas que parecen muy obvios, pero se olvidan con facilidad hasta que llega un momento que remontar cuesta bastante. Me ha gustado especialmente la alusión que haces al «postureo». Parece que es un tema superado por la sociedad, pero pienso igual que tú que está más candente que nunca.

      Un abrazo

  2. Muy muy bueno!! La gestión de la autoestima es una de las claves para nuestro bienestar. Y creo que das en el clavo cuando te refieres a las expectativas y en como enfocamos las cosas. La vida sería muy aburrida si empre todo saliese como esperamos… Y por tanto deberíamos desarrollar más nuestra resilencia. Al final, nuestra autoestima está condiciona por nuestras creencias y su capacidad de limitar nuestra visión sobre lo que es éxito o fracaso personal. Tendemos a asumir que los resultados de una acción son inamovibles… Quizá ahí esté la clave de la baja autostima, la alta capacidad de resignación que tenemos….

    Un saludo y gracias por este post tan reflexivo

    • Gracias Jose por tus palabras y me alegro de que te haya gustado!
      ¿Sabes lo que le diría a alguien que me preguntara el significado de la palabra resiliencia? Le contestaría que es la vocecita que cada mañana me dice que me levante, que la vida está para ser vivida, que lo malo (o poco bueno) que me haya pasado me ha servido para aprender y para ser la persona que soy, con virtudes, defectos, manías, pero yo a fin de cuentas. Creo que se me está notando que es una de mis palabras favoritas, no? 😉

      Pienso que deberíamos plantarnos e intentar desmontar esas creencias sobre nuestras propias capacidades, como tan acertadamente has apuntado y empezar a centrarnos en lo que somos, lo que queremos y aunque suene a tópico a querernos y a creer en nuestras propias fortalezas. Efectivamente, la vida sería aburrida si todo saliera según un guión, pero cuando no sacan de ahí, ya no mola, no nos gustan las adversidades, no sabemos cómo afrontarlas y nuestra amiga autoestima se queda por los suelos porque creemos que no somos capaces de dar una. Como dicen por ahí, no hay quién nos coja el punto 🙂

      Si en algún momento quieres leer sobre el tema, te recomiendo a Martin Seligman. Si no lo has hecho, creo que te gustaría.

      Un abrazo

  3. Pingback: Cómo salir con más fortaleza psicológica de las crisis económicas. - Yaiza Leal

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