Cómo evitar que el lenguaje decida nuestras emociones

Cuántas veces nos hemos encontrado diciendo frases del tipo:
“necesito dormir veinte horas este fin de semana” ¿Seguro? ¿Tu organismo es distinto del resto de la población?
“me he olvidado de comprar servilletas de papel, ¡Qué desastre soy!” ¿Verdaderamente crees que eres un desastre por eso?
“mi pareja se ha enfadado y creo que es definitivo. ¡Me va a dar algo! Créeme, se necesitan muchas más cosas para que a alguien le dé “algo”. Igual con el tiempo lo que te da es alegría por la oportunidad que te brindó el destino y aquella bronca para conocer a alguien mejor.

Podría seguir con un sinfín de frases por el estilo, de las cuales más de una probablemente te suena familiar, y podría rebatirte todas y cada una de ellas con argumentos que seguro también te suenan.
Llegamos a repetirlas tantas veces, y en diferentes contextos, “necesito”, “qué horror”, “es que no lo soporto”, “puede conmigo”, y otras tantas por el estilo, que el sentimiento que despiertan se hace algo cotidiano.
Me refiero a que todo esto no hace sino tenernos en un sentimiento de miedo provocado por el hecho de que si sucede algo, o si ese algo no llega a suceder es lo peor que nos puede pasar.
Todo esto se puede llegar a convertir en un cúmulo de exageraciones sinsentido que nos aportan bastantes quebraderos de cabeza, y nos restan bastantes momentos de felicidad. Porque lo peor de todo es que terminamos por creérnoslo. A fuerza de repetirlo y repetirlo llegamos a tener clarísimo que somos un desastre, que nuestra vida no tendrá sentido sin esa pareja, y que nuestro cuerpo necesita dormir más de veinte horas al día.
Si nos acostumbramos a hacer juicios de valor de una manera más positiva y realista sobre lo que nos rodea y sobre lo que nos sucede, al final terminaremos dándonos cuenta de que las emociones serán más neutras, sin ir al extremo de los polos.
Las emociones están vinculadas a los pensamientos, imágenes o recuerdos. Son producto de nuestros propios pensamientos y evaluaciones.
Por ejemplo, cuando se siente tristeza, se tiene la sensación de pérdida o cuando se siente miedo se tiene una sensación de peligro. Esto se explica por el hecho de que tenemos la necesidad de darle un sentido a la experiencia que se esté viviendo, de aportarle un significado.
Muchas veces caemos en el error de que las emociones controlan nuestro comportamiento, y esto no es cierto.
Siempre asociamos una emoción a una reacción que es la que se da con más frecuencia. Caemos en utilizar frases como “el miedo paraliza”. Y es verdad que produce esa reacción, pero también es cierto que ante una sensación fuerte de miedo se puede reaccionar con una faceta que desconocíamos. No se debe confundir lo que la emoción representa y la manera en que es útil para la vida, con la manera de reaccionar cuando la sentimos.
En el caso concreto del miedo, es necesario sentirlo, ya que si no fuera así nos lanzaríamos a realizar actividades que nos pondrían en peligro como cruzar una calle sin mirar si vienen coches, o conducir de tal manera que pongamos en peligro nuestra propia vida. Pero donde sí tenemos la oportunidad de elegir es en cómo afrontar esas situaciones en las que parece que no hay salida posible, o nos volvemos víctimas de nuestra propia manera de verlo.
Seguro que en algún momento has tenido que enfrentarte a una entrevista de trabajo, o a un examen con la consiguiente sensación de miedo ante la incertidumbre de la situación. En un momento así, es cuando tú eliges cómo llevarlo a cabo. Puedes optar por repetirte una y otra vez que vaya horror si aquello sale mal, y que estás temblando de miedo. Por otro lado, puedes reaccionar con frialdad y hacerlo frente como algo que hay que pasar. La emoción seguirá ahí. Es perfectamente lógico sentirlo, pero de ti depende cómo reaccionar ante ello.
Piensa que te encuentras ante un león en su hábitat natural en medio de una selva. Por supuesto que en un caso así sería absurdo salir corriendo, empezar a chillar, o cosas así. Los casos de éxito ante este tipo de situaciones nos explican cómo con una actitud serena y movimientos lentos se puede pasar desapercibido ante el animal y no caer en sus garras. ¿Crees que alguien en una situación así no sentía miedo? Si pudiéramos contar sus pulsaciones no tendríamos tiempo de procesar la velocidad a la que aquél corazón estaría latiendo.
La conclusión es que toda emoción es una serie de cambios físicos que se producen en nuestro cuerpo y que nos preparan para actuar. Hay que asumir que tenemos emociones, que se puede convivir con ellas, pero somos nosotros quienes decidimos en qué dirección tenemos que dirigir nuestros actos.
  • Cualquier acto puede controlarse siempre y cuando seamos conscientes de ellos.
  • No se puede evitar sentir miedo o enfado, pero sí se puede controlar cómo comportarnos.
  • No caigas en la trampa de dejar que tu imaginación te lleve a juzgar un hecho como catastrófico, haciendo que actúes de acuerdo a dicha interpretación. Convive con las emociones, sea cuales sean, pero decide juzgar de manera realista, positiva y serena.
Gracias y hasta pronto

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Un ebook en el que hablo de miedos, inseguridades, temores y cómo poder combatirlos.

Publicado en Desarrollo personal.

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