Cómo evitar que la monotonía amargue tu vida

Cómo evitar que la monotonía te amargue la vida

El otro día me encontré con una amiga a la que hacía tiempo que no veía, y le pregunté:

  • ¿qué tal, cómo te va la vida?

Ella me respondió:

  • Bien, todo bien. La monotonía de siempre, los niños están en una edad que necesitan mucha atención y me dejan agotada. En el trabajo los problemas de siempre, y todo el día de mal humor corriendo con prisas de un lado a otro. Todo bien. Nada especial.

Desgraciadamente es así, llamamos “ir todo bien” aun cuando las cosas no van bien o por lo menos podrían ir mejor. Lo asumimos, lo aceptamos, nos enfadamos, pero no hacemos nada por solucionarlo.

Estoy segura que muchas veces llegas al final del día con sensación de no haber hecho las cosas lo suficientemente bien, de haber podido hacer más, y de agotamiento solo de pensar que queda aún mucha semana por delante.

Y probablemente te preguntarás ¿por qué me siento así? Cuando en realidad todo aparentemente funciona bien, tienes un trabajo, un círculo social, gozas de buena salud, pero no terminas de entender el porqué de esa sensación.

Te diré que eso que sientes es bastante común, le pasa a muchísima gente, y aunque no tengas un problema importante en estos momentos en tu vida, se llama estrés. Así es, estrés cotidiano. ¿Habías oído hablar de ello?

¿Qué es el estrés cotidiano?

Este tipo de estrés se produce por sucesos menores, contrariedades o microestresores. Probablemente te asombrarás si te hago una lista de todo lo que tenemos alrededor y puede ser una fuente de estrés.

¿Qué puede producir estrés cotidiano?
  • Por un lado, aquellas contrariedades que vienen por la situación como sería un atasco de tráfico, las llamadas telefónicas inesperadas, ir deprisa porque llegas tarde a una reunión, tener que recoger a los niños en el colegio, estar en la cola del Super y ver que no avanza con la prisa que tienes, no encontrar las llaves del coche, y podría seguir enumerando un buen rato.
  • Por otro, estarían aquellas repetitivas por el hecho de que siempre se está en el mismo contexto. Aquí va todo lo que tenga que ver con el entorno familiar, laboral o de tu círculo más cercano. Son marcos que no cambian, vas cada día al trabajo y te relacionas casi con las mismas personas. Aquí lo que pase es predecible. Si no te gusta tu trabajo, si o si tienes que ir cada día, y aunque no tengas un gran problema puntual, todo eso te irá desgastando poco a poco.
¿Qué es lo que pasa con todas estas pequeñas cosas del día a día?

Pues que como son normales, habituales, no se hace nada para compensar. Es nuestra rutina diaria. De esta manera, poco a poco, todo esto puede llegar a pasar factura en nuestra salud. Porque no estamos tomando ninguna medida de afrontamiento. El aspecto más importante es la acumulación de experiencias negativas aparentemente de poca importancia que se soportan cada día.

Es evidente que no podemos librarnos así, en un abrir y cerrar de ojos de todas las contrariedades que nos brinda la vida, pero sí que podemos fomentar las estrategias de afrontamiento.

¿Qué efectos pueden llegar a tener?

La principal respuesta ante el estrés suele ser de tipo emocional. La sensación subjetiva de malestar emocional trae emociones negativas como ansiedad, miedo, ira, depresión...

Entre los múltiples efectos nocivos que el estrés puede tener en la salud, uno puede ser la falta de sueño. En muchas ocasiones seguro que te llevas esos problemas que has tenido durante el día a la cama, y esto no te permite dormir y descansar como necesitas.

Una técnica para sentirte mejor

Me gustaría compartir contigo un ejercicio simple pero eficaz que podría ayudarte en esos momentos en los que te cueste conciliar el sueño. Puedes hacerlo también en medio de una jornada de trabajo para continuar con más energía y mejor humor.

¡Allá vamos!

Para empezar es necesario que con los ojos abiertos visualices el número 100, después el 99 y continúa hasta llegar al 96.

Ahora los números desaparecen, y tienes que cerrar los ojos. Dedica unos momentos a respirar profundamente e intentar ir soltando los músculos.

Una vez que te hayas centrado en la respiración, imagina que estás frente a unas escaleras eléctricas que van al piso de abajo. Llegan hasta el nivel A. Ve repitiendo la letra A en tu mente mientras imaginas que vas bajando al nivel A.

Al llegar, imagina que ves unas escaleras iguales que van al nivel B. Haz lo mismo. Continúa respirando profundamente y visualiza que llegas al nivel B.

Continúa hasta repetir la operación con el nivel C.

Una vez logrado esto, toma conciencia de tu respiración. Analiza si lo estás haciendo deprisa o despacio.

Disfruta por unos momentos de esa respiración profunda, y poco a poco ve ubicándote y preparándote para volver a lo que estabas haciendo. Toma aire un par de veces y abre los ojos.

 

Terminarías así si estás a mitad del día. Si lo que pretendes es inducir el sueño, esta sensación de relajación hará que lo consigas.

¡Espero que te sirva!

 

Y ya para terminar, no quiero dejar de mencionar algo que muchísimas veces nos pone más barreras aún. Los “debería”. Esas vocecitas incómodas que siempre están ahí opinando y dirigiendo lo que tenemos o no tenemos que hacer. Y encima hasta hacemos lo que dicen hasta cuando no estamos de acuerdo.

He preparado un mini ebook que te puedes descargar libremente  de manera gratuita donde te doy unos consejos para evitar estas situaciones. Solamente tienes que dejarme un correo donde quieres que te llegue, y en unos minutos lo tendrás en tu bandeja de entrada.
¡Espero que te guste!
Publicado en Desarrollo personal.

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