Cómo funciona el cerebro a la hora de elegir

Nos pasamos la vida eligiendo, desde cosas sencillas como qué cocinar para la cena hasta elecciones más complicadas como sería un cambio laboral.
Pero, ¿sabes realmente cómo funciona el cerebro a la hora de decantarse ante dos opciones? Las personas rara vez elegimos en términos absolutos. Piensa en un ejemplo sencillo como sería elegir entre dos botes de salsa de tomate en un supermercado. Seguro que comparas el precio con respecto a otro de menor cantidad. No sabes si lo que marca es ajustado o no, pero sí que sabes que en relación cantidad-precio es el que debes elegir. Y por supuesto, si ese bote viene con un producto de regalo, ya ni nos planteamos la elección (la mayoría de las veces), lo necesitemos o no. Veremos que es la opción más ventajosa, y nos llevaremos a casa el producto añadido, aunque sea para guardarlo para siempre.
Para demostrarte la idea de que no solemos elegir basándonos en el valor absoluto, te mostraré la Ilusión de Ebbinghauss

 

Como puedes ver, parece que los dos círculos centrales son de diferente tamaño, pero en realidad son iguales. La percepción cambia porque se compara con los que están alrededor.
Pues lo mismo sucede con todo lo demás en la vida. No sabemos lo que queremos hacer hasta que vemos a alguien que está haciendo lo que creemos que sería oportuno hacer. Es así. Todo es relativo.
Nos comparamos sin ser conscientes de que lo hacemos, pero estas comparaciones pueden provocar que elijamos de la manera correcta o por el contrario hacer que caigamos en un tremendo error.
Leí un estudio acerca de esto, y me llamó la atención el planteamiento. Una persona entra a trabajar en una empresa y le ofrecen un sueldo determinado. Al cabo de unos meses, presenta una queja en el departamento de personal. Cuando revisan sus condiciones, ven que se ajustan a lo que le habían prometido. Ante la pregunta de qué es lo que considera que está mal, contesta que en el despacho de al lado hay personas que estima que hacen su trabajo peor, y están ganando el doble.
¿Qué es lo que sucede aquí? Parece ser que un salario que nos permita llevar el tipo de vida que deseamos no es lo que va a marcar nuestro bienestar. Está demostrado que la relación entre cuantía de salario y felicidad no es tan fuerte. Según las estadísticas, los países considerados como más felices no son los que sus habitantes tienen los mayores salarios.
Nos vamos creando metas y necesidades en función de lo que vemos alrededor, y si no llegamos a tenerlo nos generará frustración.
Las personas no somos tan fáciles de contentar. Siempre tomaremos el valor relativo de todo.
Hay un estudio que cuenta cómo alguien va a comprar algo simple como unos bolígrafos, cuadernos (yo soy de las que sigue apuntando cosas en papel ;)) y le dicen que hay un sitio en el que se puede ahorrar unas monedas, pero tendrá que andar unos 15 minutos. Por supuesto que esa persona prefirió darse el paseo y comprar al precio más barato. Además, ese acto le hará sentir muy bien porque ha actuado de manera sagaz.
El estudio continúa, pero ahora en lugar de comprar material de papelería se va a comprar un traje de una marca carísima y le dicen lo mismo, que andando 15 minutos encontrará una tienda en la que se puede ahorrar la misma cantidad que antes. Por supuesto no se da la caminata, ya que considera irrelevante la diferencia y no merece la pena ir a otro sitio.
¿Es que con ese dinero que se va a ahorrar no puede comprar lo mismo que con el que se ahorró al darse el paseo de un cuarto de hora? Si comparas el dinero que te ahorras en la compra de la papelería con lo que te estás gastando, la diferencia es considerable. Pero si por el contrario comparas ese dinero con lo que te cuesta el traje, la cantidad parece insignificante.
Este es un ejemplo más de que dependiendo de con qué comparemos, así le daremos un valor u otro.
Comparamos a nivel local, dependiendo de las alternativas que tengamos para barajar. Este tema en el mundo de la publicidad se conoce muy bien, por lo que más de una vez hemos vuelto a casa con bolsas de cosas que no utilizaremos jamás.
Si el problema no va más allá de comprar o no un artículo, o de haber acertado o no en una decisión ante dos objetos, no es lo peor que puede pasarnos. El problema está cuando esas decisiones afectan a aspectos personales. Aspectos que tienen que ver con el trabajo, o con la pareja, por citar algunos.
Pero no siempre las decisiones funcionan así, la buena noticia es que podemos hacer algo ante esto. La única manera es llegar a romper el bucle de la relatividad.
Es contraproducente la creación de un mundo cuyo principio sea escalar sin sentido, solamente en base a que si los demás lo hacen yo también debo hacerlo. Una cosa es marcarse metas, saber hacia dónde quieres ir y lo que quieres conseguir. Otra muy distinta es considerarte más o menos feliz y conforme con la vida que llevas dependiendo de que en un concurso de logros seas quien más ha obtenido en comparación con el resto. Los logros que más alegría deberían aportar son aquellos que se consiguen porque tu motivación te impulsa a ello, no las palmadas en la espalda que vayas a recibir.
Es muy fácil caer en bucles y espirales de los que luego es difícil salir. Esto ya se está viendo desde la infancia, cuando a un niño le reprenden por haber sacado peores notas que su amigo. Yo al menos he visto reacciones así, y me han dejado con la cabeza dando vueltas sin parar.
Es un contrasentido que en un mundo en el que una de las cosas que más se habla y por la que más luchamos sea la libertad, y nos pongamos esas trabas y esas limitaciones. Actuando así somos de todo menos libres. Tenemos la cadena de tener que hipotecar nuestros actos y lo que en realidad queremos por ese afán de comparación. No dejes que se te vaya de las manos algo tan sencillo como ser tú y ser feliz con aquello por lo que has apostado, no con aquello que te sitúa en una situación de ventaja con respecto al resto.
A la hora de elegir, elige siempre tu bienestar por encima de todo.

 

Gracias y hasta pronto

¡No te vayas sin tu regalo!

Un ebook en el que hablo de miedos, inseguridades, temores y cómo poder combatirlos.

Publicado en Desarrollo personal.

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